Los clústeres en el desarrollo regional de México

Tradicionalmente, en México las políticas de desarrollo industrial y regional se han formulado desde el ámbito gubernamental, con poco involucramiento de la sociedad y de los inversionistas. Durante las últimas décadas, el gobierno mexicano ha decidido dejar en manos del mercado el rumbo industrial del país y en materia de desarrollo regional, aunque hay un apartado dentro del Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, poco se ha logrado para cerrar las brechas existentes entre las distintas regiones y se carece de planes concretos e instrumentos diseñados con este propósito.

Mientras tanto, en las economías avanzadas el desarrollo regional —basado en la combinación de las ventajas comparativas de las regiones y en la concentración territorial de empresas— constituye un componente importante de las políticas públicas, tanto en materia de desarrollo social, como económico, poniendo el énfasis en elevar la competitividad de las regiones —en lugar de subsidiarlas—, para compensar las diferencias existentes entre ellas.

En este contexto, desde finales de los ochenta e inicio de los noventa en la literatura sobre el desarrollo regional e industrial se ha puesto gran atención al fenómeno de los clústeres, que permiten a una industria específica incorporar nuevos eslabones en su cadena productiva, acercando los factores que determinan el uso de nuevas tecnologías en sus procesos y los factores determinantes de la generación de actividades de aglomeración.

En su versión más moderna, se puede definir de la siguiente manera:

“Un clúster es un conjunto o grupo de empresas pertenecientes a diversos sectores, ubicados en una zona geográfica limitada, interrelacionadas mutuamente en forma vertical, horizontal y colateral, en torno a mercados, tecnologías y capitales productivos, constituyendo núcleos dinámicos del sector productivo dentro de un sistema interactivo en el que, con el apoyo decidido de las autoridades, pueden mejorar su competitividad.”

La atención prestada a estas redes empresariales como factor de competitividad y dinamización industrial de ciertos territorios, no ha dejado de aumentar con el tiempo, a la vez que aumentaba también su influencia sobre las políticas de desarrollo y promoción. En este contexto, el papel de los gobiernos como factor de interrelación y de localización es cada vez más importante en el plano competitivo internacional. Su actuación tiene un peso claramente diferenciador en la creación de un entorno favorable para el desarrollo de la actividad industrial, frente a los competidores externos, aunque el verdadero factor multiplicador de cada uno de los atributos expuestos es su interrelación y su actuación cohesionada y coordinada.

En este nuevo entorno, el desarrollo regional está determinado por lo que las regiones tienen que ofrecer, de lo que carecen y por su vocación natural, apoyándose en tres puntales básicos: la sociedad, la economía y el medio ambiente, reconociendo que debe actuarse a distintas velocidades para reducir las diferencias existentes entre regiones.

Es importante tomar en cuenta que los procesos de inversión en estos clústeres corresponden a decisiones de los inversionistas que, antes que nada, consideran lo que las distintas regiones tienen que ofrecer en todos estos aspectos, sin menoscabo de que después negocien con autoridades nacionales, estatales y locales, beneficios adicionales para elevar su rentabilidad.

Aún en ausencia de políticas bien definidas y con objetivos claros, México no ha estado exento de este fenómeno pues ya han surgido distintos clústeres en diferentes regiones del país[1], como los del calzado en León, del sector automotriz en Coahuila, Nuevo León y Guanajuato, el de informática en Guadalajara y el de la industria aeroespacial en Querétaro, entre otros.

Por ello, es fundamental entender cómo se comportan actualmente los flujos globales de inversión en los distintos clústeres y cuáles son los factores determinantes de esos flujos, para poder identificar la posición competitiva de las distintas regiones mexicanas y el tipo de acciones que pueden impulsar las autoridades para elevarla.

Todo esto representa un cambio radical respecto del paradigma tradicional de la política industrial de los países en desarrollo, donde era el gobierno el que determinaba cuáles eran las actividades consideradas estratégicas y, a partir de ello, adoptaba un papel proactivo para promoverlas y atraer inversiones, mediante políticas agresivas de subsidios federales, estatales y locales. Ahora, éstos juegan un papel secundario, aunque importante, para modificar el balance existente entre regiones con condiciones competitivas similares.

En el estudio de los clústeres el término industria se ha ampliado para ir más allá de la extractiva y la manufacturera, incorporando también todas las actividades que están íntimamente ligadas a las nuevas tecnologías informáticas, al desarrollo tecnológico basado en éstas y a aspectos relacionados con el almacenaje, la logística, el transporte y, en general, el suministro de insumos y servicios para dichas actividades.

En cuanto a los aspectos relativos al desarrollo regional se refiere, cabe señalar que México es un país que crece lenta y desigualmente, con enormes contrastes y un gran rezago en diversas regiones, especialmente en el sur. Además, desaprovecha el vasto potencial de su extenso litoral y subsisten grandes contrastes entre entidades federativas y dentro de ellas mismas.

Por ello, tiene que cerrar las brechas que caracterizan su desarrollo regional, estableciendo una visión integral de largo plazo, objetivos precisos y políticas e incentivos para alcanzarlos. Los planes oficiales de desarrollo deben tomar en cuenta estas diferencias, integrando una visión regional que coordine a los tres niveles de gobierno y que incluya programas específicos de mediano y largo plazo, para reducir las diferencias existentes entre regiones, entidades, municipios y ciudades.

A escala nacional, la obra pública debe programarse en función de su impacto en el desarrollo de las regiones, entidades federativas y municipios, considerando los efectos multiplicadores de esta inversión en una perspectiva de mediano y largo plazos.

El transporte y las comunicaciones juegan un papel protagónico en la lógica global de negocios, por lo que hay que crear condiciones favorables para que se realicen las inversiones necesarias para ampliar las redes carretera, ferroviaria, portuaria y aeroportuaria, así como para asegurar el acceso universal a servicios de banda ancha y de telecomunicaciones en todo el territorio nacional.

Finalmente, la dimensión regional debe tener una lógica global y una local, es decir, debe analizarse desde la perspectiva de la inserción de México en la economía global y de la de sus regiones en este proceso, aprovechando para ello el ejemplo de experiencias internacionales exitosas.

[1] Unger, K., 2003, Detraux, B., Martínez, A., Revilla, M. “Los clústeres industriales en México: especializaciones regionales y la política industrial. CEPAL/GTZ “Una estrategia de desarrollo de clústeres basados en recursos naturales”. CEPAL. Santiago de Chile.

Fuente: MEXICO BIGDATA

By | 2016-11-14T17:05:34+00:00 noviembre 7th, 2016|General Español|0 Comments

Leave A Comment

A %d blogueros les gusta esto: